Miguel Ángel Yusta es redactor de nuestra revista "El eco de los libres" dirigiendo la sección de poesía titulada "Tertulia en el barrio de las letras". Es el mayor especialista en copla y como tal ha publicado recientemente el imprescindible "La copla: poema y canto". También, durante el año 2022, vio la luz su último poemario, "Postludio" (Lastura). Tuvimos el placer de acompañar al autor en la presentación que realizó en el Centro Soriano de Zaragoza el pasado 10 de marzo, justo después de su puesta de largo en el Café Comercial de Madrid. Vamos a reproducir aquí íntegramente el texto que se leyó durante la presentación.
Es motivo de felicidad y es un honor poder presentar hoy a una persona
a la que quiero como un amigo y a la que admiro como a un maestro. En mi primer
acercamiento a la poesía contemporánea cayó en mis manos Miguel Ángel Yusta con
ese canto amargo y esa protesta con sabor a posguerra que se tiuló "Ayer
fue sombra". Ahí comenzó mi admiración por Miguel Ángel que se acrecentó
al tener la oportunidad de conocerlo en persona. Más tarde, ya como amigos,
prologó mi primer poemario en el que también me dejé llevar por alguna de sus
indicaciones. Hoy tengo el honor de que mi amigo coordine una sección de poesía
en la revista que dirijo, "El eco de los libres", una sección
titulada "Tertulia en el barrio de las letras" donde participan
varios poetas de Madrid. Desde mi admiración, Miguel Ángel, vuelvo a darte mi
enhorabuena por este maravilloso "Postludio" y por "La copla:
poema y canto", dos libros excepcionales.
Si la vida tiene sentido por la muerte, el amor lo tiene a través del
dolor. Ese instante de felicidad, de enamoramiento idílico, ese estado de
bienestar, es tan fugaz que resulta inatrapable. Es por ello que los poetas
tienen (o tenemos) una herramienta muy eficaz para conservar esa fugacidad.
Atrapar esa emoción, esa inspiración y plasmarla para siempre en un papel, esto
es, perpetuar la fugacidad. De esta manera, los poetas, obtenemos el único
consuelo factible, esa recompensa que de ningún modo obtendremos en el aplauso
ni en la lectura de un público cada día más minoritario. Por otro lado, hablo
de poesía y de poetas pero no solo de escritura. Existen poetas que atrapan esa
fugacidad en un lienzo o la modelan en un pedazo de barro o la trasladan a una
cinta cinematográfica. Todos ellos poetas, por tener la habilidad de capturar
el momento de felicidad, por ver la vida con mirada distinta.

Miguel Ángel Yusta. Fuente: Heraldo de Aragón
En verano de 2022 vio la luz "Postludio", último poemario de
Miguel Ángel Yusta publicado por la editorial Lastura y prologado, de manera
contenida pero acertada, por Valentín Martín. Por definición
"Postludio" es un canto final de los oficios sagrados o divinos, una
pieza musical que se toca mientras los fieles abandonan el templo. En este
libro, con indudable sabor a epílogo, a canto de cisne, desde la orilla el
poeta desgran su vida reservando localidad de honor para un atisbo esperanzador
que si bien parece, en ocasiones, solo un espejismo, su huella de realidad se
torna más imborrable a medida que vamos atisbando el final del libro.
Decía el autor hace unos meses, para Heraldo de Aragón: "Duele la
falta de amor que es el origen de los males del mundo". Efectivamente aún
podemos encontrar lirismo en este poemario (la poesía lírica que descubre el
alma y que resulta tan necesaria en esta sociedad. Pero también hay un grito de
rebeldía, una protesta contundente y un hondo dolor.
"Postludio" está dividido en cuatro partes perfectamente
ensambladas porque cada una es dedudora de la siguiente. "Ama ahora
mientras vivas ya que muerto no lo podrás lograr" es una cita de
Shakespeare que inaugura esta primera parte como una declaración de
intenciones. "La fiera acosa", advierte el autor para hablarnos
"más del miedo que de la decrepitud" nos dice en el prólogo Valentín
Martín. Ese miedo lo convierte el poeta en un contundente NO A LA GUERRA, un
grito pacifista contra la barbarie que hoy en día sigue asolando al mundo.
Efectivamente, no todo es lírico. El poeta existe para comprometerse y tiene
voz para hacer justicia. Miguel Ángel Yusta escirbe aquí sobre el ser humano
que fagocita al ser humano. Sobre la tierra prometida hace muchos años ya
inaccesible. Sobre el egoísmo imperante en detrimento de cualquier atisbo de
empatía. Ese miedo a la guerra de cada inocente muerto en Ucrania ("Al
final, en el campo de batalla, sigue lloviendo sangre de olor gris y la muerte
ha sembrado crisantemos", sentencia en el poema décimo primero) Y anterior
a la guerra de Ucrania, conocimos un nuevo modo de genocidio. La pandemia.
Yusta recuerda la peor cara del ser humano también con el poema "El pico
de la curva", desde las calles de Nueva York, sentenciando "cabalgan
juntos la soberbia y el miedo y el poder se diluye por las calles
desiertas". En una palabra, el ser humano haciendo uso de la peor
injusticia y dejando cadáveres a su paso, no solo de hombres. Pues también
hallamos espacio en este poemario para la reivindicación ecologista. En un
poema dedicado al mar de Aral, el poeta remata "El hombre se ha vendido
solo por baratijas y espejismos y navega cegado hacia la Estigia". Estos
poemas de dolor, de injusticia, de guerra y de miedo en los cristales, son
salpicados por pequeños espejismos de luz, como un duermevela, donde el poeta
recuerda un pasado más amable y estos recuersos son fogonazos constantes a lo
largo de todo el libro.
Con todo el sentido comienza la segunda parte con una memoria de posguerra,
reivindicando, ahora que todo el mundo habla de ello, que él sí vivió este
aciago periodo de nuestra historia. Es un regreso al poemario, mi admirado
poemario, "Ayer fue sombra" del que precisamente rescatará un verso
muy esperanzador como adecuado colofón de Postludio. Encontramos en esta
segunda parte algún divertimento, como la faceta melómana del autor. En ese
poema titulado "Cuarteto Nº 12" donde, con la música de Beethoven de
fondo, el poeta experimenta una ensoñación amorosa más que real, dejando una
ventana abierta a la esperanza. Se alternan aquí algunos pasajes de desamor
(sombras) con leves certezas de nuevas oportunidades (luces). Un juego de
claroscuros que, sin embargo, nos lleva navegando a una tercera parte que se
inaugura con el silencio en la voz de Ana María Navales y una cita que reza:
"Hay un tiempo como un río de silencio que riega ese árbol de otoño".
Hay un mar presente a lo largo y ancho de Postludio que actúa a veces
como límite al que el poeta se asoma inquisitivo desde la última orilla. En
esta tercera parte nos habla, sin embargo, de un mar sin orillas que apacigua
con el silencio como toda respuesta a las preguntas del navegante. El tiempo
comienza a acosar aquí al poeta. La constancia de las llegadas y despedidas a
lo largo de la existencia y el deseo de retorno a una patria robada que es un
pasado irrepetible.
Finalmente, la cuarta y útlima parte, reconcilian al poeta con la paz.
El tiempo es ya inasible, como por otra parte lo ha sido siempre y la esperanza
resiste apaciguada. Se tranfiguran los sueños en palomas, en el poema noveno de
esta cuarta parte y solo una de esas palomas (o de esos sueños) logró escapar
de la bandada (del rebaño). Es la paloma que el autor está buscando
incesantemente "para evitar la noche que se cierne implacable", una
paloma que, según dice, se extravió en el mar eternamente. Otra vez el mar. No
quiere dejar terminar este "Postludio" el autor sin lanzar un grito
que protesta contra el silencio, que es despojado de toda belleza o misterio y
lo llama "el vecino de la muerte", pidiendo después al mundo que
continúe gritando para sentirse vivo. Finalmente, "Decir adiós y basta sin
oropoeles, sin voces, sin ruidos" parece ser todo lo que el poeta desea.
Es Postludio también un grito de rebeldía contra el tiempo donde no
decae en ningún momento el impulso formal.
Es el libro de un hombre comprometido que cuenta aquello de lo que sus
ojos son testigos y aquello de lo que el corazón se duele por dentro. Un libro
de instantes sobrevividos, de sufrimientos superados y una reivindicación de un
poeta que escribe y describe esperando que un Mundo mejor sea posible. Para
terminar vuelvo al prólogo de Valentín Martín que termina "Miguel Ángel
Yusta, el único hombre que aún palpita sin cautividades"
LA COPLA: POEMA Y CANTO
El estudio que Miguel Ángel Yusta (Mayusta, firma así cuando se trata
de copla) ha llevado y lleva sobre la copla aragonesa es un arduo trabajo de
más de veinte años en los que también ha ido publicando material en Heraldo de
Aragón, contando con poetas contemporáneos que, a petición suya, se lanzaban a este recurso
poético que es el origen de la jota aragonesa y también publicando coplas de
autores universalmente conocidos. Además, a lo largo de estas décadas publicó
el "Cancionero de coplas aragonesas" y recopilaciones de coplas de
varios autores en diversas antologías. Hasta recientemente, en el último número
de "El eco de los libres" aparece una copla de nuestro añorado poeta
Ángel Guinda.
Es la copla una estrofa nacida del pueblo y sin embargo, añadida a la
literatura culta a lo largo de los siglos. Ante todo, la copla es emoción, otra
vez, la captura del momento y una suerte de diapasón para el latido. Aunque la
copla se da en distintas regiones (Andalucía, País Vasco...), la copla de la
jota, que puede ser improvisada, es la certera portadora del sentimiento, ya
sea crítica-irónica, festiva, devota, humorística o amorosa.
En este libro que hoy presentamos prevalece la copla lírica que mueve
el mundo. En palabras de Félix Maraña, hace unos días, para "El
Correo" de Bilbao: "La copla es ante todo poesía. Una poesía donde el
tropo es parte de la composición y hace que la estrofa, que la literatura
bautizó como de arte menor, se funda y confunda con el arte más puro, sin graduaciones".
El libro es un verdadero tratado de historia de la copla ofrecido por
su actual valedor principal. Además de recoger coplas de poetas contemporáneos,
este trabajo se completa con un estudio sobre la copla de la profesora Susana
Díez de la Cortina, un prólogo de Juan Domínguez Lasierra y epílogo de Javier
Barreiro. En definitiva, un trabajo imprescindible en la historia de la copla.





